A la comunidad de la DCRU.
El Consejo Directivo sesionó el 25 de octubre, y uno de los puntos de su agenda fue la revisión de los procesos que recientemente se llevaron acabo en nuestra comunidad: 1) el plebiscito para ratificar o rectificar el acuerdo vigente sobre el status de activo, 2) el proceso para la elección de director de la DCRU. Acordando el procedimiento de que las comisiones correspondientes rindieran sus informes, se procedió iniciando la de plebiscito, después de preguntas y aclaraciones tocó a la Comisión de elección para director(a) la que también se le formularon preguntas, algunas combinadas o mezcladas con opiniones, para pasar luego a intervenciones con claras posiciones sobre el asunto; ocupándose toda la tarde de esto. Es innecesario relatar lo prolijo de las participaciones, pero conveniente señalar que se configuraban dos posiciones encontradas, la de quienes sin las bases o argumentos necesarios impugnaban el proceso, pues nunca pusieron sobre la mesa la norma en que basaban su petición, la otra encabezada por los integrantes de las comisiones que habían rendido sus informes señalando con claridad los artículos del reglamento que le dan legalidad al proceso.
Escuchados y vueltos a escuchar toda clase de argumentos se vislumbraba que llegaba el momento de tomar decisiones, la principal, calificar la elección para director de la DCRU, y es entonces cuando el consejero Rutilio Nava M. manifestó que por no estar de acuerdo en que se validara el proceso, que con carácter de irrevocable renunciaba al consejo, posición similar fue adoptada por los consejeros Martha Perales y Jacobo Montoya; no obstante las participaciones continuaron pues se mantenía el quórum, pero luego los consejeros Braulio Carbajal y Atenogenes Licona, se retiraron con plena conciencia de que rompían el quórum y con ello se consumó un claro boicot ¿planeado?, ¿espontáneo?
En el transcurso de la reunión, los integrantes de la corriente impugnadora intentaron con denuedo desvirtuar la legalidad del proceso electoral, valiéndose para ello de conceptos equivocados que vale la pena analizar con cuidado en otro momento; pero si podemos adelantar que a quienes vemos a un sistema de centros, con conflictos y contradicciones por resolver, pero con necesidad de contar con un director electo, por ese solo hecho, nos perciben como menores de edad, inconscientes que atentamos contra el sistema. Esperamos pasado algún tiempo y calmados los ánimos, podamos sin apasionamientos dilucidar sobre este particular asunto.
En cuanto a los tres consejeros que renunciaron y los dos que se retiraron con el propósito de boicotear, es claro que lograron ese objetivo pero su actitud es reprobable en tanto soslayaron el respeto a principios democráticos tan elementales como el que fueron elegidos por toda la comunidad, y por lo tanto nos representan a todos en conjunto, no solo a los colectivos de sus centros de trabajo, y mucho menos a grupos minoritarios; su obligación como integrantes del colegiado de mayor jerarquía del sistema de Centros era que si los criterios con que ellos intentaban convencer al resto de sus pares carecían de objetividad o fuerza de razón siendo esto obice o para resolver el asunto, debieron cuando menos buscar consultar a las comunidades de sus Centros para que en atención a lo que les indicasen llegaran a emitir su voto; pero no fue así, anteponiendo sus muy personales posiciones renunciaron o se retiraron, negándonos así a todos sus representados, y poniendo en entredicho la existencia del ámbito y espíritu de democracia, marco y sustancia en que hasta antes de ese momento se habían resuelto los mas disímbolos asuntos. Lo sucedido nos advierte que es momento de revisar las formas de como se elige a los miembros del Consejo y acaso llegar a elaborar un reglamento sobre como mantener la relación con sus representados, de tal manera que sus expresiones y posiciones en el consejo, provengan del mayor consenso posible. Finalmente, consideramos que los disensos son validos, pues de la fuerza opositora de sus razones pueden surgir las mejores soluciones, lo que no se vale es que, si no se puede demostrar que las normas invocadas tienen la interpretación o aplicación que me favorece, y los compañeros consejeros adversarios si lo han mostrado, para no reconocerlo abandono el campo de la discusión sin importar las consecuencias.
Compañeros, el momento y circunstancias por los que transitamos son difícil si, pero no es la crisis que algunos suponen o se imaginan, ya verán como en cuanto tengamos nuevo director se podrán sentar bases para ir superando las contradicciones y salir con un sistema de centros realmente fortalecido, por ello le solicitamos al Consejo Directivo se mantenga el respeto al sufragio de todos y de manera particular al de quienes votaron a favor del que resultó electo por mayoría, como lo señala la Comisión Electoral. Así pues, esperamos que en su reunión del próximo ocho de noviembre, declare que tenemos director electo.
Atentamente
J.Guadalupe Betancourt Ventura José Aceves Ochoa
El Consejo Directivo sesionó el 25 de octubre, y uno de los puntos de su agenda fue la revisión de los procesos que recientemente se llevaron acabo en nuestra comunidad: 1) el plebiscito para ratificar o rectificar el acuerdo vigente sobre el status de activo, 2) el proceso para la elección de director de la DCRU. Acordando el procedimiento de que las comisiones correspondientes rindieran sus informes, se procedió iniciando la de plebiscito, después de preguntas y aclaraciones tocó a la Comisión de elección para director(a) la que también se le formularon preguntas, algunas combinadas o mezcladas con opiniones, para pasar luego a intervenciones con claras posiciones sobre el asunto; ocupándose toda la tarde de esto. Es innecesario relatar lo prolijo de las participaciones, pero conveniente señalar que se configuraban dos posiciones encontradas, la de quienes sin las bases o argumentos necesarios impugnaban el proceso, pues nunca pusieron sobre la mesa la norma en que basaban su petición, la otra encabezada por los integrantes de las comisiones que habían rendido sus informes señalando con claridad los artículos del reglamento que le dan legalidad al proceso.
Escuchados y vueltos a escuchar toda clase de argumentos se vislumbraba que llegaba el momento de tomar decisiones, la principal, calificar la elección para director de la DCRU, y es entonces cuando el consejero Rutilio Nava M. manifestó que por no estar de acuerdo en que se validara el proceso, que con carácter de irrevocable renunciaba al consejo, posición similar fue adoptada por los consejeros Martha Perales y Jacobo Montoya; no obstante las participaciones continuaron pues se mantenía el quórum, pero luego los consejeros Braulio Carbajal y Atenogenes Licona, se retiraron con plena conciencia de que rompían el quórum y con ello se consumó un claro boicot ¿planeado?, ¿espontáneo?
En el transcurso de la reunión, los integrantes de la corriente impugnadora intentaron con denuedo desvirtuar la legalidad del proceso electoral, valiéndose para ello de conceptos equivocados que vale la pena analizar con cuidado en otro momento; pero si podemos adelantar que a quienes vemos a un sistema de centros, con conflictos y contradicciones por resolver, pero con necesidad de contar con un director electo, por ese solo hecho, nos perciben como menores de edad, inconscientes que atentamos contra el sistema. Esperamos pasado algún tiempo y calmados los ánimos, podamos sin apasionamientos dilucidar sobre este particular asunto.
En cuanto a los tres consejeros que renunciaron y los dos que se retiraron con el propósito de boicotear, es claro que lograron ese objetivo pero su actitud es reprobable en tanto soslayaron el respeto a principios democráticos tan elementales como el que fueron elegidos por toda la comunidad, y por lo tanto nos representan a todos en conjunto, no solo a los colectivos de sus centros de trabajo, y mucho menos a grupos minoritarios; su obligación como integrantes del colegiado de mayor jerarquía del sistema de Centros era que si los criterios con que ellos intentaban convencer al resto de sus pares carecían de objetividad o fuerza de razón siendo esto obice o para resolver el asunto, debieron cuando menos buscar consultar a las comunidades de sus Centros para que en atención a lo que les indicasen llegaran a emitir su voto; pero no fue así, anteponiendo sus muy personales posiciones renunciaron o se retiraron, negándonos así a todos sus representados, y poniendo en entredicho la existencia del ámbito y espíritu de democracia, marco y sustancia en que hasta antes de ese momento se habían resuelto los mas disímbolos asuntos. Lo sucedido nos advierte que es momento de revisar las formas de como se elige a los miembros del Consejo y acaso llegar a elaborar un reglamento sobre como mantener la relación con sus representados, de tal manera que sus expresiones y posiciones en el consejo, provengan del mayor consenso posible. Finalmente, consideramos que los disensos son validos, pues de la fuerza opositora de sus razones pueden surgir las mejores soluciones, lo que no se vale es que, si no se puede demostrar que las normas invocadas tienen la interpretación o aplicación que me favorece, y los compañeros consejeros adversarios si lo han mostrado, para no reconocerlo abandono el campo de la discusión sin importar las consecuencias.
Compañeros, el momento y circunstancias por los que transitamos son difícil si, pero no es la crisis que algunos suponen o se imaginan, ya verán como en cuanto tengamos nuevo director se podrán sentar bases para ir superando las contradicciones y salir con un sistema de centros realmente fortalecido, por ello le solicitamos al Consejo Directivo se mantenga el respeto al sufragio de todos y de manera particular al de quienes votaron a favor del que resultó electo por mayoría, como lo señala la Comisión Electoral. Así pues, esperamos que en su reunión del próximo ocho de noviembre, declare que tenemos director electo.
Atentamente
J.Guadalupe Betancourt Ventura José Aceves Ochoa